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El mal etiquetado y la manipulación de alimentos y bebidas son problemas globales en aumento. A menudo, los estafadores sustituyen ingredientes genuinos por alternativas más baratas, engañando a compradores y consumidores e incrementando los riesgos asociados a los alérgenos o a la toxicidad. Los laboratorios de pruebas de alimentos y piensos de Eurofins ofrecen soluciones líderes en la industria para detectar y disuadir el fraude alimentario.
En el complejo entorno de la cadena de suministro alimentaria global, la Global Food Safety Initiative (GFSI) identifica cuatro categorías clave relacionadas con la integridad alimentaria.
Al abordar los problemas alimentarios, la distinción suele basarse en si la acción fue deliberada o no intencionada:

El fraude alimentario implica la sustitución, adición, manipulación o tergiversación deliberada de alimentos, ingredientes o etiquetado con el fin de obtener un beneficio económico. Este problema ha cobrado mayor relevancia tras grandes escándalos como la crisis de la melamina en China en 2007 y el escándalo de la carne de caballo en Europa en 2013.
La GFSI (Global Food Safety Initiative) ha identificado siete tipos de fraude alimentario.

El fraude alimentario es complejo de detectar debido a las largas cadenas de suministro, en las que intervienen múltiples actores, y porque cada producto puede estar expuesto a varios tipos de fraude simultáneamente. La mitigación comienza con la comprensión de la naturaleza del fraude potencial y requiere el uso de técnicas con métodos de detección específicos y adaptados.
La red de laboratorios Eurofins es líder mundial en ensayos de autenticidad, ofreciendo tecnologías analíticas avanzadas y soporte especializado para ayudar a proteger su marca y salvaguardar a los consumidores.
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