La sequía en Europa - 1

Fecha de publicación :
miércoles, ago 19, 2026

Cuando la sequía cambia el suelo, las decisiones también deben cambiar

En toda Europa, la agricultura se enfrenta cada vez más a los efectos de un clima cambiante. Muchas regiones están experimentando periodos de sequía más prolongados, temperaturas más elevadas y patrones meteorológicos más impredecibles, mientras que otras sufren episodios de lluvias intensas que pueden dañar la estructura del suelo y aumentar las pérdidas de nutrientes. Estas presiones están acelerando la degradación del suelo, reduciendo su capacidad de retención de agua y haciendo que el rendimiento de los cultivos sea menos predecible. Como consecuencia, agricultores y productores están comprobando que las prácticas tradicionales de manejo ya no siempre son suficientes para mantener los rendimientos, la rentabilidad y la resiliencia de sus explotaciones.

Las observaciones y recomendaciones presentadas en este artículo se basan en la realidad que afrontan agricultores y productores de toda Europa, así como en la experiencia adquirida por Eurofins Agro Testing a través de su colaboración diaria con el sector agrícola. Desde los países nórdicos hasta la Península Ibérica, y desde los suelos alcalinos y afectados por la salinidad de Europa Central y Oriental, los desafíos locales pueden variar, pero la necesidad de disponer de información fiable sobre el suelo es universal.

La sequía ya no es un reto ocasional en Europa; se ha convertido en una característica estructural de la agricultura moderna. A medida que cambian los patrones de precipitación y las campañas agrícolas se vuelven más impredecibles, la sequía afecta mucho más que los niveles de humedad. Las condiciones secas ralentizan la mineralización del nitrógeno (N) y del azufre (S), aumentan la concentración de sales en la zona radicular, modifican el pH y, cuando se toman decisiones inadecuadas, incluso pueden dañar la estructura del suelo a largo plazo. Por ejemplo, un agua de riego de baja calidad puede acelerar el deterioro estructural con consecuencias duraderas.

Dado que los suelos secos se comportan de forma diferente, los agricultores y sus asesores necesitan mediciones precisas hoy y decisiones más inteligentes para el futuro. A continuación, se presentan algunos aspectos clave a considerar.

1. Cómo la sequía modifica el suelo

Los agricultores comienzan la campaña sin saber cómo evolucionarán las condiciones meteorológicas. Las aplicaciones de estiércol y fertilizantes se realizan con antelación, pero cuando la sequía reduce el lavado de nutrientes y la absorción por parte de los cultivos, las sales disponibles para las plantas, como el potasio y el magnesio, se acumulan. Estos nutrientes esenciales pueden llegar a ser perjudiciales: las concentraciones elevadas de sales dificultan que las raíces absorban agua, aumentando el estrés osmótico.

Aunque esta realidad suele apreciarse a posteriori, fraccionar las aplicaciones siempre que sea posible resulta fundamental, especialmente en años secos.

La actividad de los organismos del suelo disminuye en condiciones de sequía, reduciendo la mineralización y el aporte natural de N y S (y también de parte del fósforo, P). Sin embargo, el material susceptible de mineralizarse (materia orgánica, compost, estiércol) no desaparece. Cuando regresan las lluvias, el N y el S seguirán liberándose, lo que puede provocar rebrotes no deseados o problemas de calidad. En muchos cultivos, ya no es necesario aportar más N o S en esta fase.

Sea prudente al combinar riego y fertilización adicional: conozca qué nutrientes permanecen aún en el suelo.

Además, es especialmente importante realizar análisis de suelo antes de las aplicaciones de abonado de cobertera. Conocer cuánto nitrógeno y otros nutrientes siguen disponibles en el suelo ayuda a los agricultores a evitar aplicaciones innecesarias de fertilizantes, reducir los costes de producción y minimizar la acumulación de sales, especialmente en condiciones de sequía.

En algunos casos, estas reservas residuales de nitrógeno pueden ser suficientes para sostener el desarrollo otoñal de cultivos como trigo, cebada y colza, reduciendo la necesidad de aplicaciones tempranas adicionales de nitrógeno. Los análisis foliares pueden aportar información complementaria para apoyar la toma de decisiones durante la campaña.

En los últimos años, muchos agricultores se han preguntado por qué los valores de pH cambian después de una sequía. La sequía suele modificar la composición química de la solución del suelo. A medida que aumenta la concentración de nutrientes y disminuye la humedad, los valores de pH medidos pueden disminuir temporalmente, especialmente en análisis de pH en agua.

El riego reduce el estrés causado por la sequía, pero la calidad del agua es tan importante como la cantidad. El agua con niveles elevados de sodio puede dañar la estructura del suelo y acelerar su degradación a largo plazo. Esto es exactamente lo contrario de lo que necesitan los agricultores: un suelo bien estructurado y aireado, capaz de absorber lluvias intensas y favorecer un desarrollo radicular más profundo.

2. Tomar mejores decisiones durante periodos de sequía

Conociendo la cantidad de agua que el suelo puede almacenar y liberar para los cultivos, los agricultores pueden gestionar el riego de forma más eficiente, evitar pérdidas innecesarias de agua y lixiviación de nutrientes, y comparar parcelas según su sensibilidad a la sequía. En años secos, la curva de retención de agua del suelo (curva pF) se convierte en una herramienta esencial para una gestión del riego precisa y rentable.

La sensibilidad a la salinidad varía considerablemente entre cultivos. Altamente sensibles: Cebolla, Fresa, Zanahoria, Judía, Guisante, Manzano.  Moderadamente tolerantes: Patata, Maíz, Brassicas, Lechuga, Trébol.

Comprender las condiciones de cada parcela antes de la siembra permite tomar decisiones de cultivo más resilientes.

Las variedades con raíces más profundas, mayor eficiencia en el uso del agua o mayor tolerancia al calor y la salinidad pueden reducir el riesgo asociado a la sequía. Sin embargo, la genética por sí sola no es suficiente. Una variedad tolerante a la sequía plantada en un suelo degradado o con desequilibrios nutricionales no alcanzará todo su potencial.

La resiliencia comienza adaptando la genética a las condiciones del suelo.

3. Construir resiliencia a largo plazo

Los suelos sanos son naturalmente más resilientes frente a la sequía. Una nutrición equilibrada, una biología del suelo activa y niveles adecuados de materia orgánica actúan conjuntamente para mejorar la retención de agua, la disponibilidad de nutrientes y el rendimiento de los cultivos bajo condiciones de estrés.

Todos los cultivos dependen de diecisiete nutrientes esenciales, y tanto las deficiencias como los excesos pueden reducir la resiliencia y aumentar la vulnerabilidad al estrés hídrico.

Por ello, un perfil nutricional equilibrado es fundamental para mantener el rendimiento de los cultivos en condiciones adversas.

También es importante considerar los nutrientes beneficiosos. El silicio, por ejemplo, no está clasificado como nutriente esencial, pero desempeña un papel relevante fortaleciendo las paredes celulares, mejorando la eficiencia en el uso del agua y aumentando la tolerancia a la sequía y a otros factores de estrés. Medir el silicio disponible para las plantas en el suelo permite determinar si los niveles son suficientes para favorecer la resiliencia de los cultivos.

Comprender el conjunto completo de nutrientes, tanto esenciales como beneficiosos, garantiza que ningún elemento limite la capacidad del cultivo para resistir condiciones de sequía.

La biología del suelo y la gestión de la materia orgánica desempeñan un papel central en la respuesta de los suelos frente a la sequía. Las condiciones secas no solo ralentizan la mineralización; también debilitan los procesos biológicos que favorecen el crecimiento de las raíces, la estabilidad de los agregados y la capacidad del suelo para absorber y retener agua. Cuando disminuye la actividad biológica, los suelos se vuelven menos estructurados, menos resilientes y menos capaces de amortiguar los fenómenos climáticos extremos.

La materia orgánica es la base de la vida del suelo. Proporciona la fuente de alimento que impulsa la actividad microbiana y mejora tanto la capacidad de retención como la infiltración de agua. Por ello, incrementar la materia orgánica refuerza simultáneamente dos funciones críticas: mejora la capacidad del suelo para almacenar humedad durante los periodos secos y crea mejores condiciones para la recuperación biológica cuando regresan las lluvias.

Mantener e incrementar el carbono orgánico del suelo es una de las estrategias más eficaces a largo plazo para mejorar la retención de agua, la actividad biológica y la resiliencia frente a la sequía.

 

4. Por qué el seguimiento es aún más importante en años secos

El impacto de la sequía varía enormemente entre parcelas, tipos de suelo y regiones. Dos parcelas vecinas pueden responder de forma muy diferente en función de su textura, profundidad efectiva de enraizamiento, contenido de materia orgánica y manejo previo.

Por ello, basarse en suposiciones resulta cada vez más arriesgado durante periodos prolongados de sequía.

El seguimiento proporciona la evidencia necesaria para tomar decisiones específicas para cada parcela.

Los años secos generan incertidumbre. Los agricultores se preguntan cuánto nitrógeno y azufre pueden seguir mineralizándose, si el pH ha cambiado, si las reservas de potasio han aumentado o cómo ha afectado la sequía a la absorción de fósforo. Son cuestiones que no pueden responderse únicamente mediante la observación.

Tomar decisiones basadas en datos y adaptadas a las condiciones de la campaña

  • No aplique todos los fertilizantes al inicio de la campaña; fraccione las aplicaciones basándose en datos de suelo.
  • Durante la campaña, compruebe si realmente son necesarios ajustes adicionales.
  • Después de la campaña, corrija el pH si es necesario. Si el pH ya es adecuado, considere mejorar la estructura del suelo mediante enmiendas cálcicas como el yeso agrícola.
  • La resiliencia a largo plazo requiere invertir en el desarrollo radicular (estado del fósforo), la gestión de la materia orgánica y el equilibrio de micronutrientes.

Conclusión

La sequía cambia el suelo. Y cuando el suelo cambia, las decisiones también deben cambiar. Disponer de datos fiables sobre el suelo ayuda a los agricultores a pasar de las suposiciones a las decisiones fundamentadas, protegiendo tanto los rendimientos como la salud del suelo a largo plazo.

 

 

Perspectivas desde distintos países de Europa

"En Suecia, las campañas agrícolas secas que hemos experimentado en los últimos años han puesto cada vez más de manifiesto las diferencias entre los suelos. Los suelos con buena estructura, elevada capacidad de intercambio catiónico (CIC) y una distribución equilibrada de cationes han demostrado, en general, una mayor resiliencia frente al estrés por sequía. Un suelo bien estructurado favorece un sistema radicular más sano y desarrollado, permitiendo a los cultivos explorar un mayor volumen de suelo en busca de agua y nutrientes. Al mismo tiempo, mejora la capacidad del suelo para suministrar agua capilar a la zona radicular, aumentando la disponibilidad de agua accesible para las plantas durante los períodos de escasez de precipitaciones."
Daniel Pettersson, Account Manager y Agrónomo, Suecia

"En nuestra región, los periodos prolongados de sequía alteran gravemente la dinámica de los nutrientes y la absorción radicular. Combinar los análisis de suelo tradicionales con el análisis TopDiag® ya no es solo una opción; es esencial para monitorizar en tiempo real el estado nutricional del cultivo y asegurar los rendimientos."
Clément Fontaine, Agrónomo, Francia

"Los periodos de sequía son cada vez más frecuentes, prolongados e impredecibles. Los agricultores deben adaptarse para mantener la productividad: el uso de prácticas de cultivo que favorezcan la retención de agua en el suelo, variedades más tolerantes, y una planificación y fraccionamiento de la fertilización basados en datos permiten reducir costes y proteger los rendimientos incluso a corto plazo."
Artur Thernesz, Director General, Hungría

"En Bulgaria, la sequía se ha convertido en uno de los mayores desafíos para la producción de cultivos extensivos de secano. Las explotaciones más resilientes son aquellas que basan sus decisiones de fertilización en análisis de suelo y de planta, garantizando que los nutrientes se apliquen únicamente cuando y donde son necesarios. Comprender tanto los nutrientes disponibles durante la campaña como los que permanecen tras la cosecha es fundamental para optimizar costes, mantener los rendimientos y fortalecer la resiliencia del suelo a largo plazo."
Ani Popova, PhD, Responsable del Equipo de Agronomía, Bulgaria

"La prolongada estación seca registrada en el Reino Unido ha obligado a adelantar el inicio de la cosecha más de lo previsto y, para muchos agricultores, esto genera preocupación por los rendimientos y la rentabilidad de sus explotaciones. El Reino Unido dispone de estrategias e infraestructuras a largo plazo para el almacenamiento de agua; sin embargo, a medida que los efectos del cambio climático se hacen cada vez más evidentes, también aumenta la necesidad de contar con suelos resilientes. La agricultura regenerativa es un tema de debate recurrente en todo el país, y cada vez más agricultores buscan implantar prácticas sostenibles que permitan dejar sus tierras en mejores condiciones para las futuras generaciones y asegurar la viabilidad del sector a largo plazo. En este contexto, resulta fundamental disponer de una comprensión integral de la salud del suelo y de su composición mineral."
Kimberley Best, Responsable del Laboratorio de Suelos, Escocia

 

 

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